La diversidad de un bufete hace difícil la elección

Dicen que la sencillez hace de nuestra vida algo mucho más simple. Y en muchos de los casos es cierto.

¿Te ha pasado que cuando tienes en un menú para elegir entre 2 sopas y 3 guisados resulta rápida y sencilla la elección? En mi caso sí lo es.

Y ¿qué sucede cuando te enfrentas ante un banquete abierto o ante un bufete?

En estos casos y en lo personal me cuesta mucho trabajo primero decir por dónde comenzar y después qué elegir entre las diversas zonas en que dividen los platillos, ya sea entre ensaladas, sopas, carnes, pescados, postres… y la lista puede seguir, dependiendo el tipo de evento.

Resulta un poco intimidante ver tanta comida deliciosa enfrente y tú tener un estómago tan pequeño.

Recuerdo, de pequeña, la primera vez que fui a un bufete; me fui directo a los postres y bueno, mamá me puso el alto y me sugirió comenzar por otra zona.

Después, ya más grande, mi toma de decisiones fue comenzar a comer un poco de todo, empezando con aquellos platillos que en casa no se preparaban a menudo.

Mi barra preferida en estos casos, cuando existe, es la zona de los frutos del mar, donde el pescado y mariscos son las estrellas y prácticamente me la paso dándome mis vueltas por ahí.

En una ocasión, cuando muy joven, me invitaron a un restaurante muy fino donde tenían bufete y en esa ocasión había langosta, salmón y mariscos, que es lo que más me gusta.

Muchos de los comensales eran extranjeros y ellos, especialmente los asiáticos y europeos, se inclinaban por la sección de las frutas y ensaladas.

Mi reacción natural fue que, para comer frutas y verduras estaba mi casa y no iba a desperdiciar la ocasión comiendo papaya o lechuga, habiendo langosta o filete de primera.

La respuesta de mi tío ante mi ignorancia culinaria fue contundente: para los extranjeros nuestra fruta y verdura resulta ser exótica, ya que en sus lugares de origen carecen de ellos y de tener acceso suele ser muy caro o escaso el producto.

De ahí que venir a México y comer directamente fruta como el mamey, la papaya o naranja resulta ser un manjar.

Es casi lo mismo que me podría suceder si fuese de visita a Rusia y comiera caviar, para mí sería de lo más exótico, mientras que para los rusos es de lo más “natural”.

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En otra ocasión, me pasó lo mismo cuando en un encuentro internacional la empresa contrató un servicio de tacos para eventos especiales, ya que sus invitados deseaban probar este singular platillo mexicano.

Cuando vieron la cantidad de guisos colocados bellamente en cazuelas de barro, sobre adornos frutales y herbales, sencillamente se les hizo agua la boca e igual que a mí, no sabían por dónde comenzar.

El toque magistral fue que llevaron a una señora que ahí mismo estaba haciendo las tortillas frente a un comal, lo cual fue el mayor centro de atracción; y esto por supuesto le dio ese toque mágico a este encuentro.

No hay nada en nuestro país que sea tan grato para el paladar como comer una tortilla hecha a mano y salida directamente del comal y colocarle cualquier cosa… desde sal hasta el más delicioso de los guisos, acompañada de una salsa. Sencillamente es un manjar de dioses.

Y me imagino que así pasa en cualquier parte del mundo… ante un bufete es difícil la elección.